BIOGRAFÍA
DE ALBERTO LLERAS CAMARGO
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POR: SILVIA ROJAS CABALLERO
Estadista y periodista, presidente
de la República entre 1945 y 1946 y de 1958
a 1962, nacido en Bogotá, el 3 de julio de
1903, muerto en la misma ciudad, el 4 de enero de
1990. Hijo de Felipe Lleras y Sofía Camargo,
Alberto Lleras provenía de una familia de próceres.
Hizo sus estudios secundarios en el colegio militar
Antonio Ricaurte, y los superiores en el Colegio Mayor
de Nuestra Señora del Rosario y en el Externado
de Ciencias Políticas de Bogotá, sin
obtener títulos académicos. Las universidades
de Harvard, Princeton, Columbia, Johns Hopkins, Georgetown,
California, del Cauca y de Antioquia (1963), le confirieron
doctorados honoris causa. Ocupó varios cargos
en la vida pública nacional e internacional.
Fue congresista, ministro de Estado en diferentes
gobiernos y dos veces presidente de la República.
Como diplomático, fue embajador ante el gobierno
de los Estados Unidos y secretario general de la Unión
Panamericana y de la Organización de Estados
Americanos (OEA). Fue también rector de la
Universidad de los Andes. El periodismo fue una constante
en su vida. «Un laborioso trabajador de este
oficio, bueno o malo, pero auténtico»,
así se identificó a sí mismo.
Fue fundador, director y colaborador de publicaciones
nacionales y extranjeras tales como El Liberal, La
Tarde, El Independiente, El Tiempo y El Espectador
en Colombia; El Mundo y La Nación de Buenos
Aires; y las revistas Semana y Visión en Bogotá.
En 1931 contrajo matrimonio con Berta Puga Martínez,
hija del general chileno Arturo Puga, unión
de la que nacieron cuatro hijos: Consuelo, Alberto,
Ximena y Marcela.
Lleras Camargo pasó la infancia en haciendas
de la Sabana y Chipaque, que administraba su padre.
Una institutriz les enseñó a él
y a sus hermanos (dos mujeres y dos hombres), los
primeros números y letras y algunas nociones
de historia. Cuando Lleras tenía entre 7 y
8 años, su padre enfermó y tuvo que
viajar a Bogotá en compañía de
su madre. Mientras tanto, Alberto se quedó
en el colegio de monjas donde estudiaban sus hermanas,
en tanto que sus hermanos mayores estudiaban en la
capital. El 24 de agosto de 1915 murió su padre
quedando doña Sofía y sus cinco hijos
al amparo de su hermano Nicolás y su cuñado
Santiago Lleras. Alberto Lleras recordaba más
a sus tíos que a su padre, especialmente al
tío Santiago, a quien acompañaba en
los quehaceres y paseos del campo. Lo recordaba como
jefe de la familia y porque, además, tenía
una estrecha amistad con su padre, la cual mantuvo
con ellos siempre. Estos dos tíos se encargaron
de la manutención y educación de la
familia Lleras Camargo, hasta que el hermano mayor,
Felipe, entró a trabajar como profesor. Alberto
recordaba cómo el tío Nicolás
lo sometía constantemente a exámenes
de sus progresos intelectuales, haciéndole
leer en francés e inglés. En Bogotá,
Lleras Camargo se dedicó a conocer la ciudad,
allí se fue acrecentando su vocación
por los versos, y comenzó a interesarse por
la prosa, el relato y los artículos semipolíticos.
Pocos años después, entró a la
escuela Ricaurte y fundó un periódico.
Su afición por la literatura se acrecentó
más, cuando tomó posesión de
la biblioteca de su tío Santiago, donde había
libros de literatura clásica y especialmente
del siglo XIX, libros en inglés y francés
que motivaron su afición literaria y lo llevaron
a aprender estos idiomas antes de los 14 años.
En 1919, cuando tenía 13 años, Lleras
estuvo al borde de la muerte por un ataque de apendicitis
y luego peritonitis. Durante la convalecencia, se
retiró a la finca de un tío suyo en
Tunja. Se acercaba a los 16 años, y la muerte
de su hermano Ernesto, mayor que él, en 1921,
marcó lo que él definió como
«el límite afilado entre su infancia
y su juventud».
Alberto Lleras fue presidente de Colombia en dos momentos
cruciales de la historia del país. En 1945,
cuando tenía 39 años, se hizo cargo
del gobierno a raíz de la crisis que desató
la renuncia de Alfonso López Pumarejo ante
el Congreso, y en 1958, luego de una década
de violencia liberal-conservadora particularmente
aguda, le correspondió ser el primer mandatario
del Frente Nacional. Pero su importancia política
no sólo se debe a esto, se puede decir que
hasta su muerte, Lleras Camargo fue el orientador
de todos los gobiernos, conservadores y liberales,
que sucedieron al suyo. Nunca se postuló para
la reelección, pero tampoco se convirtió
en un traste viejo. Arededor de 1930 inició
su vida política. Fue secretario general del
partido liberal y, en 1931, cuando tenía 25
años, llegó a la Cámara de Representantes,
siendo el primer miembro del partido liberal elegido
para presidente de dicha corporación, luego
de 45 años de predominio conservador. Ocupó
este cargo hasta 1933. Una vez López Pumarejo
tomó posesión de la Presidencia en 1934,
Lleras viajó a Montevideo en calidad de secretario
de la delegación colombiana a la Conferencia
Panamericana, y ese mismo año fue secretario
de la misión que acompañó a Alfonso
López Pumarejo en su viaje a los Estados Unidos.
En 1936 fue delegado a la Conferencia Americana de
Paz en Buenos Aires, donde presentó una ponencia
para la fundación de la Liga de las Naciones
Unidas Americanas. Nuevamente incorporado al gobierno
en 1937, fue por unos meses ministro de Educación
y ministro de Gobierno. Terminado el gobierno de López,
en 1938 fundó el diario El Liberal, con auspicios
del ex presidente. Desde allí hizo oposición
al gobierno de Eduardo Santos, y apoyó la segunda
candidatura de López Pumarejo. Dirigió
El Liberal hasta 1942. En 1941 fue elegido a la Cámara
de Representantes, y ese mismo año asistió
a la convención liberal, dejando su nombre
como uno de los orientadores del partido. Cuando López
Pumarejo llegó a la Presidencia por segunda
vez, en 1942, Lleras Camargo desempeñó
los más destacados cargos, entre ellos, la
embajada de Colombia en Washington. En este año
también fue elegido senador de la República
por Cundinamarca y formó parte de la dirección
liberal. En octubre de 1943 regresó a Bogotá,
y fue nombrado ministro de Gobierno por tercera vez.
En 1944, como ministro de Gobierno, tomó las
riendas de la nación, cuando el presidente
López Pumarejo fue retenido en Pasto, en un
intento de golpe de Estado. Lleras salvó los
obstáculos que enfrentaban en ese momento las
instituciones, e informó al país de
todo cuanto acontecía, evitando el caos y la
confusión. A comienzos de 1945 fue nombrado
ministro de Relaciones Exteriores, y en calidad de
tal presidió la delegación a la conferencia
de Chapultepec, e inmediatamente después representó
al país en la Conferencia de San Francisco
que adoptó la Carta de las Naciones Unidas
y la política de paz. Elegido designado a la
Presidencia de la República, primer período,
19451946, asumió el poder el 7 de agosto de
1945, ante la renuncia de López.
Como presidente de la República, Lleras dio
participación a los conservadores, y su año
de gobierno fue de control del orden público
y manejo de la situación económica.
Un aspecto importante fue la fundación de la
Flota Mercante Grancolombiana, gestionada por los
gobiernos de Venezuela, Ecuador y Colombia, y consolidada
en 1946. En su gobirno, Lleras Camargo afrontó
una situación difícil, ya que el partido
liberal se hallaba dividido entre los seguidores de
Jorge Eliécer Gaitán y de Gabriel Turbay.
Se aproximaban las elecciones y el partido conservador
se encontraba reunido en torno a Mariano Ospina Pérez,
quien resultó vencedor. Lleras le entregó
el poder el 7 de agosto de 1946. A1 término
de su primer período fundó la revista
Semana, que impuso normas dentro del periodismo de
revista, catalogada como muy profunda en sus análisis.
Más adelante fue delegado permanente de Colombia
y presidente de la Unión Panamericana, crédito
merecido por su sabia intervención en las conferencias
de Chapultepec y San Francisco. Lleras se trasladó
a Washington, y en ejercicio de este cargo trató
de introducir cambios. Trabajó para hacer eficaz
y efectiva la misión para la cual había
sido creado este organismo; su principal labor fue
intensificar contactos con los gobiernos y dar un
nuevo impulso a la institución. Como delegado
de Colombia a la ix Conferencia Panamericana, dio
paso a la sustitución de la Unión Panamericana
por la actual Organización de Estados Americanos
(OEA), de la cual fue secretario general hasta 1954.
De regreso a Colombia, fue elegido presidente de la
Asociación Colombiana de Radiodifusión,
y más tarde, rector de la Universidad de los
Andes. Reanudó su actividad periodística
y política como director del periódico
El Independiente, publicación que estaba reemplazando
a El Espectador, clausurado por el general Gustavo
Rojas Pinilla. Cuando esta publicación suplente
fue también clausurada, promovió una
acción tendiente a derrocar a Gustavo Rojas
Pinilla. Renunció a la rectoría de los
Andes y empezó la lucha contra el régimen.
Para esto se valió del periodismo y, en calidad
de jefe único del partido liberal, se trasladó
a España con la idea de buscar un acuerdo con
el partido conservador. Como resultado de sus entrevistas
con Laureano Gómez, dirigente conservador,
se firmaron los pactos de Benidorm (24 de julio de
1956) y Sitges (20 de julio de 1957), en los que se
consagraba la necesidad de la legitimación
de las instituciones por medio de un plebiscito, la
paridad en lo que se refería a los cargos públicos
y la restricción del poder presidencial y de
los altos cargos para despedir libremente a los empleados
de la administración. Este plebiscito, celebrado
en diciembre de 1957, consiguió una votación
muy favorable, y consagró las directrices del
Frente Nacional.
En 1958 Lleras Camargo fue elegido presidente de la
República para el período 1958-1962,
con amplia ventaja sobre los laureanistas, ospinistas
y otros. Ante las dificultades para conseguir un candidato
conservador, Laureano Gómez propuso la candidatura
de Lleras para ser el primer presidente del Frente
Nacional, a condición de que en lugar de 12
fueran 16 años de alternancia en el poder entre
liberales y conservadores. Este segundo período
presidencial de Lleras fue de transición, después
del gobierno de las Fuerzas Armadas. Lleras devolvió
al país a los cauces normales y señaló
la ruta por la que debía transitar el Frente
Nacional. Gobernó con la ayuda de ambos partidos
y los puso en pie de igualdad, instituyendo un sistema
aún no ensayado en el derecho político:
ninguno de los dos tendría ventaja sobre el
otro; tendrían fuerzas parlamentarias iguales
en el Congreso y paridad en la administración
de justicia y en el gabinete ejecutivo, y el presidente
de la República representaría en el
gobierno a los dos partidos. También buscó
afianzar el poder civil, restringiendo un poco el
que tenía la institución militar, y
ponderó su vocación republicana. Durante
su gobierno ofreció una amnistía a los
grupos alzados en armas, la cual fracasó por
los extremismos de éstos, que se acentuarían
con el paso de los años. Por otra parte, inauguró
algunas obras del gobierno militar, como el ferrocarril
del Atlántico, la central hidroeléctrica
de Chicoral y el aeropuerto El Dorado. Mediante el
Instituto de Crédito Territorial y la fundación
de Ciudad Kennedy, impulsó la vivienda popular.
Lleras tuvo que afrontar manifestaciones de oposición
al Frente Nacional, por parte del movimiento conservador
"Unionista." de la coalición ospino-alzatista
y del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), disidencia
del partido encabezada por Alfonso López Michelsen.
El gobierno de Lleras rompió relaciones diplomáticas
con Cuba e incorporó al país a la ALALC
(Asociación Latinoamericana de Libre Comercio,
hoy ALADI). En 1961, en Uruguay, Colombia se incorporó
al pacto regional de la Alianza para el Progreso.
Fuera de su trayectoria como gobernante y dirigente
político, Lleras Camargo fue uno de los mejores
escritores del país. En sus escritos demuestra
ser dueño de una prosa magistral; como escritor
político y orador, dice Germán Zea Hernández:
«Sus escritos son obras maestras que lo señalan
como el primero de los escritores políticos,
hasta hoy no superado, en el presente siglo. Sus intervenciones
tanto parlamentarias como en la plaza pública,
sin un apunte, sin una nota que le fuera guiando en
el decurso de sus palabras, han sido magistrales».
En el campo periodístico, Lleras se inició
a los 15 años. Escribía notas que firmaba
Allius, e imitaba a Azorín. Cinco años
después recibió la influencia de Ortega
y Gasset, siendo éste el escritor de lengua
española que Lleras más leyó.
Escribió en el diario La República,
como informador y comentarista; ingresó, apoyado
por Eduardo Santos, a El Tiempo, una vez desapareció
el anterior diario, donde escribió notas en
la sección "Cosas del día"
y dio a conocer su columna "Hoy"; por la
misma época fue colaborador de El Espectador.
En 1926 viajó a la Argentina y trabajó
en el diario El Litoral; en Buenos Aires, trabajó
en el periódico La Nación; entró
a la redacción de El Mundo, y como corresponsal
viajó a la Feria Internacional de Sevilla y
después a París. A mediados de 1929
regresó a Bogotá y se encargó
de la redacción de Lecturas Dominicales de
El Tiempo. Después asumió la dirección
del diario La Tarde, filial de El Tiempo; cuando el
primero desapareció, asumió el cargo
de jefe de redacción de este último,
en 1934, desde donde apoyó la campaña
de Alfonso López Pumarejo. Posteriormente fundó
El Liberal; en 1946, Semana; y cuando fue clausurado
El Espectador, dirigió El Independiente. Por
último, fue columnista y, desde cuando terminó
su segundo mandato, director de Visión. En
1981 recibió el Premio Nacional de Periodismo
Simón Bolívar a la vida y obra de un
periodista. La lectura de su trabajo periodístico,
desde sus primeros artículos hasta los textos
dé edad madura, constituye un espléndido
recorrido. Se trata de un conjunto de exposiciones
sobre los más variados asuntos, principalmente
derecho constitucional, teoría del Estado,
economía política, derecho internacional,
política mundial y derecho administrativo.
En su vasta obra como periodista, se cuentan textos
de diferentes matices, escritos en diversas épocas.
Sus notas se han agrupado en varias secciones: literarias,
relacionadas con la lucha contra la dictadura, referentes
a la creación de la Organización de
los Estados Americanos y al sistema jurídico
del continente, sobre la segunda Guerra Mundial y
su relación con Colombia, Estados Unidos e
Indoamérica; las referentes a Antioquia y a
algunos de sus personajes, y las escritas para las
revistas Semana y Visión, en las que escribió
hasta su muerte. Sus escritos están llenos
de reflexiones que señalan rutas a la patria,
y demuestran su voluntad democrática y como
crítico de disciplinas literarias y humanas.
Cuando escribía acerca de hechos y personas
lo hacía agudamente, rescatando lo sustancial
y buscándoles un sitio en la historia, la cultura
y la evolución de las ideas, para que perduraran.
Lleras Camargo perteneció a la generación
de Los Nuevos, que contribuyó a cambiar el
uso del lenguaje, la actividad política, las
costumbres sociales y los gustos del país.
Esta renovación fue, en un principio, sólo
de carácter literario; pero luego, cuando Lleras
entró al ámbito de los periódicos,
se reflejó en su pensamiento político,
entrelazando lo estilístico con lo ideológico,
la especulación intelectual con lo científico.
Sus notas literarias revelan una postura crítica,
de analista lúcido. Entre sus escritos se cuentan:
La Antioquia entrañable, volumen que agrupa
escritos sobre Antioquia y su participación
en la actividad nacional, «la conducta comunitaria,
su concepto existencial y el trabajo», ahondando
en la identidad regional, sus orígenes castizos,
imágenes y vocablos, y destacando sus contribuciones
a la creación intelectual colombiana mediante
personajes como Rafael Uribe Uribe y Tomás
Carrasquilla, entre otros. En Tesis permanentes sobre
lo ético, Lleras exaltó las calidades
éticas que definen la virtud del ser, aquellas
que ayudan a dirigir la comunidad; para él
este es el código que debería servir
de guía no sólo al hombre público,
sino al que se dedica a los negocios. Fechas figuras
singulares se refiere a fechas nacionales o a figuras
trascendentes al servicio de la grandeza del país;
en este libro se hace visible el enorme conocimiento
de Lleras Camargo sobre la historia y las doctrinas
de aquellos que influyeron en Colombia y el continente
americano. Preservación de nuestra democracia
resalta la importancia de la generación del
radicalismo liberal en el siglo pasado. La guerra
reúne editoriales del periódico El Liberal
a comienzos de la segunda Guerra Mundial; allí
Lleras sale en defensa de la democracia y advierte
sobre los desquiciamientos que se producirán
si no hay una reacción eficiente contra la
invasión totalitaria. Estos editoriales destacan
esencialmente cuatro aspectos: el poder destructor
del totalitarismo, que con su irrespeto a la vida
conduce a la pérdida de los valores democráticos,
en una confrontación de la tesis sobre el destino
social de los pueblos; la forma como los Estados Unidos
trataron de evitar entrar a la guerra y los medios
utilizados para conservar la neutralidad; la postura
de Colombia y del gobierno de Eduardo Santos ante
la guerra; y finalmente, la posición del continente
americano ante el conflicto bélico. Desde estos
editoriales, Lleras perfiló la política
futura del continente americano, especialmente en
conferencias cruciales como las de Panamá,
Lima y Río de Janeiro. A propósito de
este tema, y siendo secretario general de la OEA,
fundó la revista Américas, donde propuso
políticas armónicas para beneficio del
continente. Durante este tiempo también publicó
un documento que manifestaba su condena a la violencia
política en Colombia; el gobierno reaccionó
violentamente, tratando de obtener su destitución,
pero Lleras recibió el respaldo de toda América.
Su obra continuó con "Lucha contra la
dictadura: el Frente Nacional", una serie de
artículos escritos para El Espectador, donde
Lleras adelantó una campaña contra la
dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Además,
publicó multitud de críticas en El Independiente,
las que llevaron a Rojas Pinilla a calificarlo de
«guerrillero intelectual>,. Finalmente, apareció
la serie "La prensa y su misión",
donde Lleras definió sus creencias sobre el
medio, habló sobre la misión y evolución
de la prensa e hizo interesantes anotaciones respecto
a la televisión. Aparte de los discursos, proclamas
y artículos, Lleras Camargo dejó un
libro de memorias, Mi Gente, donde hizo acopio de
sus recuerdos personales; y en 1945 escribió
"Transcurso legendario de una gota de sangre",
introducción a la vida de Mosquera, publicado
en Revista de América. Figura de primer orden
en la historia contemporánea de Colombia, así
fue retratado Alberto Lleras Camargo por su amigo
y compañero de luchas periodísticas,
el escritor Hernando Téllez: «Frente
a este hacedor de un determinado trozo de historia
nacional, el testigo de sus hechos se encuentra con
un hombre a quien la grandeza de su propio destino
le deja intacta su humana condición. Es decir,
un hombre común y sencillo, probable y secretamente
orgulloso de esa grandeza, pero que, por lo mismo,
puede pasar en medio de los honores y las dignidades,
de las adulaciones y de los aplausos, sin romperse
ni mancharse en la oscura trampa de la vanidad. Conoce,
seguramente, su mito, formado popularmente por una
especie de acumulación aluviónica de
sus grandes éxitos. Conoce, seguramente, el
otro personaje que tomado de la cantera de sí
mismo, construye y configura la opinión ajena,
la opinión de los demás. Pero ni el
mito que preside e ilumina toda gloria política,
ni el personaje desprendido de las entrañas
de ese mito, consigue, en este caso, modificar, alterar
o perturbar su autenticidad simplemente humana».
[Ver tomo 2, Historia, pp. 532-534, 569-578; y tomo
5, Cultura, p. 21l].
DOCUMENTOS SONOROS
DE
LA BIBLIOTECA DE VOCES DEL SIGLO XX
SONOROUS DOCUMENTS
OF THE LIBRARY OF VOICES OF 20TH CENTURY
®

Integración bilateral Colombia-Venezuela
1961
Compilación, Restauración y Digitalización
Archivo Sonoro
“José Guillermo Carrillo”
Fotografía
Nelson Naveda
Caracas. Venezuela
25 de enero de 2006
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