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BIOGRAFÍA
DE RAFAEL LEÓNIDAS TRUJILLO MOLINA
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Militar y político dominicano
nacido en la ciudad de San Cristóbal, al oeste
de Santo Domingo, el 24 de octubre 1891, fue hijo
de José Trujillo Valdez y Julia Altagracia
Molina Chevalier. Se inició en la administración
pública como telegrafista en 1907. Había
realizado estudios primarios. Entre 1910 y 1916 se
le vinculó a hechos delictivos. Estuvo encarcelado.
Militó en el horacismo.
A finales de 1916, Trujillo fue pesador y guardacampestre
en algunos ingenios. Durante la ocupación norteamericana
ingresó a la Guardia Nacional creada por los
norteamericanos (1918) y ascendió vertiginosamente
en la carrera militar. En 1919 se juramentó
como segundo teniente y entre los años 20 y
21 participó activamente en el Este en la represión
de las guerrillas antinorteamericanas. Se ganó
el aprecio de las fuerzas de ocupación.
Tras su salida de una academia militar en Haina en
1921, fue ascendido a capitán en 1922. De inmediato
ocupó puestos de alto mando en la Guardia Nacional
transformada en Policía Nacional Dominicana.
Con rango de Mayor, dirigió el Departamento
Norte de esta institución en 1924. Con el ascenso
de Vásquez al poder (1924), Trujillo ocupó
la jefatura de la Policia Nacional. Ya en 1927 fue
ascendido a general de brigada. Un año más
tarde (1928) la Policia Nacional quedó convertida
en Ejército Nacional y fue su Comandante en
Jefe.
Trujillo, con claras aspiraciones políticas,
fue en 1930 la figura militar que respaldó
un movimiento cívico, que se originó
en Santiago encabezado por Estrella Ureña (ver)
que dio al traste con el régimen de Vásquez
(1930). En estos momentos, la legación de los
Estados Unidos en Santo Domingo fue sede de un arreglo
que elevó a Estrella Ureña a la Presidencia
Provisional de la República. Ese mismo año
Trujillo se presentó junto a Estrella Ureña,
como candidato a la Presidencia en las elecciones
generales. Esos comicios, caracterizados por el fraude
y la represión contra sus contrarios, condujeron
a Rafael L. Trujillo Molina a ocupar la Presidencia
y a Estrella Ureña a la Vicepresidencia. Este
último rompió con Trujillo pocos años
después.
1940-1950. Este período se inicia con la ampliación
de la 2da. Guerra Mundial, que se extiende hasta el
Mar Caribe, pues la marina alemana minó sus
aguas con submarinos intentando detener el comercio
latinoamericano con Europa y los Estados Unidos, y
pasó por los triunfos de la Unión Soviética
en varios frentes europeos de la guerra, y también,
por la entrada de los norteamericanos en dicho conflicto
bélico, y la final derrota de las fuerzas del
“eje”, Alemania, Italia y Japón.
El fracaso de Hitler por imponer el fascismo totalitario
en todo el mundo, y la importante participación
de las fuerzas militares de la Unión Soviética
en el triunfo de los aliados (las tropas soviéticas
ayudaron a liberar a Polonia, Hungría, Checoslovaquia,
Rumania, etc. fueron las primeras que entraron en
Berlín, Alemania) contribuyó en toda
América Latina y en todo el mundo a fortalecer
las corrientes antidictatoriales y a partidos y gobiernos
democráticos.
En nuestro país, interpretando ese viraje de
la historia, a partir de aquí, (1944), Trujillo
dio inicio a un período de apertura política
que permitió actuar brevemente a los opositores
a su régimen.
Fue en este momento que se fundó el Partido
Revolucionario Democrático Dominicano (más
tarde Partido Socialista Popular) y la Juventud Democrática.
Ambos agrupamientos combatieron abiertamente la dictadura.
Este ensayo de apertura duró poco, pues el
crecimiento de las simpatías de ambos grupos
en el seno del pueblo dominicano y el inicio de la
“guerra fría” entre Estados Unidos
y la Unión Soviética, impulsó
a Trujillo a la liquidación de la apertura
política.
Ya a finales de 1947, los principales dirigentes opositores
a su régimen se encontraban, unos en las cárceles,
otros desaparecidos o muertos, y no pocos tomaron
el camino del exilio.
Durante este período, el dictador amplió
aún más el horizonte de sus negocios
y riquezas, con la compra de varios ingenios azucareros,
la instalación de importantes industrias monopolistas:
fábrica de aceite, de sal, marmolería,
de tejidos y cordelería, etc. y también
liberó al país de la pesada deuda extranjera
(Tratado Trujillo-Hull) que agobiaba a la República,
desde finales del siglo XIX, y que fue el motivo central
que originó la 1ra. Intervención Militar
Norteamericana a la República Dominicana, que
duró ocho años: entre 1916 y 1924.
En síntesis, el “Benefactor de la Patria”,
como se hizo llamar, se convirtió en el más
importante empresario capitalista dominicano, y ello
le facilitó una extraordinaria centralización
y control de la vida política del país,
es decir, la consolidación plena de su dictadura
1950-1961. Esta fase, puede dividirse en dos momentos;
el primero, de 1950 a 1951, y el segundo de 1955 al
1961. Se caracteriza, el primer momento, por la firmeza
del régimen en esos años, y el segundo
momento, por el surgimiento de la crisis económica
que al final se convertiría en crisis política
y que originaría su caída.
En los primeros años, el dictador disfrutó
del absoluto control político y no se registra
el más mínimo acto de oposición.
Pero a partir de 1955, año en que la dictadura
celebra su 25 aniversario, con la inauguración
de la “Feria de la Paz y Confraternidad del
Mundo Libre”, con una serie de actos deslumbrantes
e irracionales que costaron al gobierno más
de 50 millones de dólares, la situación
comenzó a modificarse, y se inicia un período
de dificultades que anuncia la entrada en crisis de
la tiranía.
Coincide con esta situación, una ligera caída
en los precios de nuestros productos agrícolas
de exportación y en el plano internacional,
con las caídas de varios dictadores latinoamericanos.
Perón de Argentina, sucumbe en 1955, Rojas
Pinillo, de Colombia, huye en 1957, Pérez Jiménez,
de Venezuela, es derrocado en 1958, y Fulgencio Batista,
dictador de Cuba, cae en 1959, a consecuencia de la
lucha guerrillera dirigida por Fidel Castro Ruiz,
quien habría de dar inicio en aquel país
a un proceso revolucionario que se consolidó
definitivamente.
Todos estos hechos, pero sobre todo el último,
influirían enormemente en nuestro país
y fueron factores importantes en la caída de
la dictadura.
Por ejemplo: imbuidos del espíritu de rebeldía
y de democracia inaugurado por Fidel Castro en Cuba,
un grupo de patriotas (Gesta del 14 de Junio) entrenados
en Cuba y con la ayuda de su gobierno y el de Venezuela
que presidió Rómulo Betancourt, el 14
y el 19 de Junio de 1959, invadió por tres
puntos nuestro país, para dar inicio a la lucha
armada contra Trujillo.
Su máximo jefe, el comandante Jiménez
Moya (junto a más de un centenar de sus compañeros),
murió en combate. La acción militar;
puede decirse, fracasó. Pero no así,
la acción patriótica, pues este hecho
levantó enormemente la conciencia ciudadana
y a partir de aquí, creció sin detenerse
la oposición al régimen tiránico,
que respondió a este despertar del pueblo con
increíble brutalidad.
Centenares de jóvenes de todas las edades y
de ambos sexos, hombres maduros, y hasta ancianos,
que de manera individual o en embriones organizativos
manifestaban su inconformidad frente a la dictadura,
sufrieron encarcelamientos, torturas y no pocos fueron
asesinados. Hasta altos dignatarios de la Iglesia
Católica, padecieron persecuciones, asedios
y hasta amenazas de muerte.
El acontecimiento más horrible de esta etapa
fue el asesinato de las “Hermanas Mirabal”,
fundadoras de la organización clandestina,
14 de junio, ocurrió en noviembre 25 de 1960.
Este abominable hecho, sacudió verdaderamente
la conciencia de todo el país y encendió
el espíritu patriótico de los dominicanos.
Por su parte, los Estados Unidos, comenzaron a mirar
con preocupación extrema lo que ocurría
en la República Dominicana, y orquestaron en
la Organización de Estados Americanos (agosto
1960), una sanción contra el régimen
por violación a los derechos humanos y como
condena a el intento de Trujillo de asesinar al presidente
de Venezuela, Rómulo Betancourt, quien meses
antes, había sido víctima de un atentado
organizado por el dictador dominicano en complicidad
con ex oficiales al servicio del derrocado presidente
de aquel país, general Pérez Jiménez.
Los norteamericanos, también redujeron la cuota
azucarera e impusieron a Trujillo otras sanciones
económicas que afectaron sensiblemente la economía
nacional y agravaron la crisis del gobierno dictatorial.
También, por medio de sus agentes, los norteamericanos
iniciaron contactos con personalidades inconformes
con la dictadura a fin de organizar una acción
que terminara con la vida de Trujillo.
En ese orden, por medio de un agente norteamericano
nombrado Lorenzo Wimpy residente en Santo Domingo,
ofrecieron armas y explosivos, pero luego según
se conoce, se desvincularon de esos planes.
Tal era el ambiente político nacional e internacional
que existía en la República Dominicana,
cuando un grupo de decididos, encabezados por Antonio
de la Maza , Huáscar Tejeda, Modesto Díaz,
Salvador Estrella Sadhalá, el Teniente Amado
García Guerrero , Roberto Pastoriza, Pedro
Livio Cedeño, Antonio Imbert Barreras, Luis
Amiama Tió, el general Juan Tomás Díaz,
Tunti Cáceres, y otros, unieron sus esfuerzos,
talentos y corajes, para organizar la emboscada que
detuvo el automóvil en que viajaba Trujillo,
cuando transitaba desde la ciudad capital hacia San
Cristóbal, el 30 de mayo de 1961, dando muerte
al dictador con el mismo estilo con que había
gobernado: a tiros.
El escritor, investigador y diplomático norteamericano,
John Bartlow Martin, quien fue Embajador de su país
en la República Dominicana durante el régimen
de Bosch, (1963) en su libro “El Destino Dominicano”
(Edit. de Santo Domingo, 1975) narra con detalles
interesantes, el acto de la muerte del tirano.
“A las ocho y media de la noche, uno de los
conjurados, el teniente Amado García Guerrero,
del Cuerpo de Ayudantes Militares de Trujillo, llamó
por teléfono al oficial de guardia de la casa
de Trujillo y le preguntó si salía éste.
El oficial le dijo que Trujillo ya se había
puesto el uniforme, esto significaba que iba a San
Cristóbal. El teniente García Guerrero
informó a Juan Tomás Díaz. Este
avisó a los asesinos (SIC) que estaban en los
coches estacionados cerca de la casa. Trujillo salió
a su paseo nocturno con el general Román entre
otros. Le recogió como siempre su Chrysler
Imperial a prueba de balas. Inesperadamente Trujillo
llevó primeramente al general Román
a la base aérea de San Isidro, para una inspección
sorpresa; había encontrado “irregularidades”
durante el día en la base (según dice,
un centinela no había gritado “firmes”
a su llegada). Luego Trujillo fue a su casa y se cambió
otro coche, un Chevrolet del 57 o del 58, los expertos
difieren en este y otros detalles, y hacia las nueve
y veinticinco salió para San Cristóbal.
Al torcer de la Avenida Máximo Gómez
a la Avenida George Washington, el primer automóvil
de pistoleros se le colocó detrás; Salvador
Estrella Sadhalá y Pedro Livio Cedeño.
Al pasar por la Feria, el segundo automóvil
de pistoleros se le colocó detrás con
cuatro hombres. Antonio Imbert conducía y Antonio
De La Maza sentado a su lado; en el asiento trasero
probablemente, el teniente García Guerrero
y Bienvenido García.
El tercero, Roberto Pastoriza y Huáscar Tejeda
Pimentel, esperaban más adelante, impidiendo
el paso en la carretera de dos carriles, sólo
a una manzana más allá del alumbrado
fluorescente de las calles de la ciudad; en el límite
con la oscuridad. Las noches dominicanas en el campo
son oscuras.
Al aproximarse el coche de Trujillo al obstáculo,
el segundo automóvil que le seguía se
colocó a su altura. Antonio de la Maza llevaba
una escopeta de cañón doble, calibre
12. Disparó a través de la ventana trasera
del automóvil de Trujillo. Según la
mayoría de los relatos, este primer disparo
le arrancó el costado a Trujillo y probablemente
habría sido fatal. De la Maza disparó
el segundo cañón por la ventana lateral
y sus compañeros dispararon contra el coche
con sus calibres 38 y 45. Aceleraron, pasaron al coche
de Trujillo, y al llegar al obstáculo del tercer
coche, dieron media vuelta y detuvieron su propio
automóvil, enfocando con las luces a Trujillo
que se aproximaba reduciendo la velocidad cada vez
más. El primer automóvil de los perseguidores,
siempre detrás del de Trujillo, repentinamente
dio la media vuelta y se volvió a la ciudad,
tal vez confundido, tal vez a causa de un pánico
repentino; y uno de los dos hombres que iba en él,
Pedro Livio Cedeño, cayó al pavimento
que separaba los dos carriles y fue herido en la refriega
que comenzó en aquel momento.
Según el chofer de Trujillo, cuando hicieron
el primer disparo Trujillo le dijo: “Para el
automóvil. Lucharemos, me han herido”.
El chofer vio que la ventanilla trasera había
volado y que Trujillo se inclinaba, sangrando, contra
la puerta derecha. Propuso dar la vuelta y escapar.
Trujillo dijo que era demasiado tarde, que tenían
que salir y disparar. El chofer detuvo el coche, con
los faros de los dos automóviles cegándole,
y falto de experiencia, no se le ocurrió disparar
contra las luces. Los asesinos disparaban y Trujillo
salió por la puerta de atrás. El chofer,
siempre al volante, rompió el parabrisas y
comenzó a disparar con su carabina automática
San Cristóbal. Fue alcanzado una vez, luego
otra, luego muchas más. Vació su San
Cristóbal de treinta disparos, cogió
otra, la vació también, cogió
una Luger de nueve milímetros, la vació,
se tambaleó, vio a Trujillo tendido en el pavimento
dejó caer su pistola, dio unos pasos hacia
una pared de cemento, se sentó cegado por la
sangre y cayó recostándose en la pared
sin sentido (milagrosamente sobrevivió, y hoy
día se encuentra en Puerto Rico).
Los hombres que habían estado disparando agazapados
detrás de sus automóviles se acercaron.
Encontraron a Trujillo tendido en la carretera. De
la Maza dijo que estaba muerto. Pastoriza que todavía
no había disparado le dio el tiro de gracia
en la cabeza, y luego saltó sobre su rostro
y cabeza. De la Maza exclamó: “Este hijo
de perra ya no matará a nadie más”
y arrastró el cuerpo por un pie hasta uno de
los automóviles de los asesinos. Lo metieron
en el maletero del automóvil. Quitaron el automóvil
de Trujillo del camino, escondiéndolo parcialmente
en la maleza. Sacaron de él una maleta que
contenía trescientos mil dólares. Cuatro
de los asesinos estaban heridos. Pedro Livio Cedeño
el de mayor gravedad. Todos fueron a la casa de Juan
Tomás Díaz para informar. Díaz
y Amiama Tió inspeccionaron el cuerpo. Los
pistoleros habían hecho su parte. El generalísimo
Trujillo estaba muerto.
DOCUMENTOS SONOROS
DE
LA BIBLIOTECA DE VOCES DEL SIGLO XX
SONOROUS DOCUMENTS
OF THE LIBRARY OF VOICES OF 20TH CENTURY
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Mensaje
a la Asamblea Nacional
desde Santiago de los Caballeros
30 de marzo de 1947

Inicio
de los trabajos del Faro de Colón
14 de abril de 1948

Inauguración
del Seminario Santo Tomás de Aquino
8 de mayo de 1948

Inauguración
del Hospital de las Fuerzas Armadas
28 de diciembre de 1948

Discurso
por ante la Asamblea Nacional
1950

Inauguración
del Alcázar de Colón
12 de octubre de 1952

Inauguración
del Palacio de Justicia
1955

Pago
de la deuda externa dominicana
Julio
1947

Inauguración
de la Feria de la Paz y Confraternidad
20 de diciembre de 1955

Discurso
ante el Congreso Interamericano de Mujeres
1956

Inauguración
del Congreso Internacional
de Cultura Católica
28 de febrero de 1956

Inauguración
de la Academia Militar
10 de septiembre de 1956

Orden
al Mérito Municipal
1956

Recibe
la Orden del Gran Collar de los Libertadores
1956 |